08 mayo 2018

Desafíos: Ciudadanía

El nuevo libro Ciudadanía, desarrollado por el Centro de Liderazgo a través del Conocimiento de LLORENTE & CUENCA, se enmarca dentro de la serie Desafíos y habla de una nueva era para nuestras sociedades, en la que la comunicación y la reputación de empresas e instituciones tienen un papel importante. A lo largo de las próximas semanas, desde Desarrollando Ideas iremos presentando este nuevo libro en todas las oficinas de España, Portugal, LatAm y EE. UU. de la Firma. El martes 8 de mayo se presenta en Madrid en compañía de Daniel Innerarity, escritor, investigador y catedrático en filosofía política y social.

Ciudadanía es una recopilación de artículos e informes realizados a lo largo de 2017 por los profesionales senior de la Firma, en los cuales se reflexiona sobre los retos que supone la gestión de una nueva ciudadanía conectada, reactiva y con poder de influir en la conversación social. En esta ocasión, el libro ha contado con un prólogo de José Antonio Zarzalejos, donde recomienda “hacer la gran transformación” en unas sociedades que se enfrentan a desafíos ligados a la tecnología, la digitalización y la dualidad generacional y formativa. Según apunta el miembro del Consejo Asesor de LLORENTE & CUENCA y ex director de ABC y El Correo, la vertiginosa velocidad de cambio ha dado pie a una ansiedad e incertidumbre que únicamente puede controlarse con una actitud adaptativa. El vicepresidente del área Contexto Económico de la Firma, Jordi Sevilla, cierra el libro reflexionando sobre la fraternidad. Explica que ésta es la que cambia la conciencia del individuo y su comportamiento, así como su nivel de expectativas respecto al resto de personas u organizaciones. Consumidores, trabajadores, proveedores o accionistas son todos ciudadanos y esto es algo que las empresas e instituciones deben asumir en esta nueva era.

José Antonio Llorente, socio fundador y presidente de LLORENTE & CUENCA, escribe el prólogo de Ciudadanía, que reproducimos a continuación. Asegura que vivimos en un proceso de empoderamiento ciudadano y que todo lo que se comunique deberá estar basado en hechos, porque hoy se demanda “una comunicación con sentido ético y una hipertransparencia impuesta por la transformación digital”:

EL DESAFÍO ÉTICO DE LA NUEVA CIUDADANÍA 

“Now, what I want is facts”. Así comienza la famosa novela Tiempos difíciles (1854) de Charles Dickens. Hechos, realidades, dice Mr. Gradgrind, era lo que necesitaba en la época. “Stick to the facts! sir”.

Ha pasado siglo y medio desde que la novela se publicó por entregas en el semanario Household Words, con enorme éxito, pero su frase de apertura puede aplicarse también a nuestros tiempos. Hechos. Eso mismo parecen pedir hoy millones de ciudadanos a diario, tras escuchar discursos, observar campañas, leer informes, asistir a mítines o recibir información sobre cualquier empresa.

Nuestra época ha ido tomando forma y creciendo con dos marcas de nacimiento en el cuerpo de la ciudadanía: la primera se fue grabando con el dolor y sufrimiento de la crisis pasada; la segunda, sin duda, será la que nos abra los caminos del futuro.

La marca dolorosa es un escepticismo latente en cada uno de los ciudadanos, un deterioro de la confianza en sus instituciones y empresas, e incluso en sus líderes. La crisis de 2007-2008 se ha instalado en un rincón profundo de la memoria colectiva y genera un rechazo instintivo a los mensajes llegados desde las élites. A sangre y fuego, los ciudadanos han aprendido que todo puede desmoronarse, y que solo sobre cimientos verdaderos y sólidos se puede construir algo meritorio y duradero.

La marca de la esperanza es la disrupción tecnológica. La ciudadanía tiene a su disposición una de las herramientas más poderosas de la historia. Se abren posibilidades, se difuminan límites del pasado y todo cambia a velocidad de vértigo. Los hombres y mujeres de nuestro tiempo, empoderados por la tecnología, acceden a la información, crean opinión, se organizan en nódulos y redes, conversan y, en definitiva, se hacen conscientes de que ya nunca volverán a ser sujetos pasivos de la comunicación corporativa o política.

Datos, conversaciones, relaciones e información construyen un nuevo tejido social virtual, una sociedad paralela que se mezcla con la real en una trama tan apretada que es imposible distinguir un plano de otro. Los líderes actuales quieren influir, estar presentes, ser también protagonistas de esta nueva realidad, de los nuevos tiempos.

Pero influir en los ciudadanos, transmitirle el mensaje deseado, resulta hoy mucho más complejo que ayer. Con la lección aprendida, como si fuera una mutación de supervivencia, la tela de araña resulta impermeable para quien quiera penetrarla con herramientas del pasado. Se cierra de modo instintivo cuando percibe fingimiento, intereses espurios o cualquier sospecha de impostura.

“El nuevo protagonista de este ecosistema es el ciudadano, con capacidad para generar mensajes, organizarse e influir”

La pregunta es clara: ¿cómo moverse, entonces, en un territorio cambiante y desconocido, del que no existe más cartografía que la que vamos dibujando según avanzamos? Los cambios sufridos por la sociedad en la última década han dejado obsoletos viejos paradigmas y hacen necesario un nuevo marco conceptual para comprender y analizar la sociedad en la que habitamos. Las categorías del pasado de nada sirven: ha cambiado el escenario, los actores protagonistas son otros (no ya los líderes políticos o empresariales) y es necesario un guion distinto.

El nuevo protagonista de este ecosistema es el ciudadano. Hombres y mujeres colocados en el centro del tablero social y político, con capacidad para generar mensajes, organizarse e influir también en la sociedad con fuerza y con el paraguas de su escepticismo dolorido para protegerse de intentos de manipulación.

El primer ejercicio es dar un paso atrás, alejar el foco para percibir la geografía con claridad. Podremos ver entonces más allá de los ciudadanos e identificar los territorios de sus conversaciones y las comunidades que forman esos hombres y mujeres unidos por sus intereses. Después debemos aplicar labores de inteligencia y de escucha activa para descubrir sus preocupaciones y anhelos, el cemento que une esas comunidades y a los ciudadanos que las lideran. Finalmente, realizada esa labor de conocimiento llegarán las decisiones. ¿Cómo influir en ellas? ¿Cómo transmitir nuestros mensajes? Las preguntas son erróneas: no se trata de influir, o de transmitir; se trata de formar parte de ellas.

Volvamos a Dickens, a su famosa frase: hechos.

La única manera de conversar, tener presencia valiosa y, al final, lograr influencia en los ciudadanos, es desarrollar una narrativa basada en la ética, el compromiso y la transparencia. Dejar atrás el tradicional storytelling unidireccional y adoptar nuevas formas y experiencias de interacción con los grupos de interés basadas en el storydoing. Solo con los hechos nos acercaremos al corazón de las comunidades, donde habitan los intereses de los ciudadanos.

“Nuestra profesión debe introducirse en el plano de los hechos, porque solo formando parte de los órganos que deciden los hechos puede construirse una estrategia de reputación”

El desafío ahora va mucho más allá de tener notoriedad, de captar la atención puntual durante un tiempo; se trata de tener notabilidad entre los ciudadanos, de asentar nuestra reputación y que ella respalde nuestra narrativa. Es necesario que aquello que decimos esté basado en hechos. Nuestra profesión, hasta ahora instalada en el plano de contar, debe introducirse en el plano de los hechos, porque solo formando parte de los órganos que deciden los hechos puede construirse una estrategia de reputación.

Los nuevos ciudadanos demandan una comunicación con sentido ético, basada en la verdad, y la hipertransparencia impuesta por la transformación digital hace que esa verdad esquiva sea buscada. Lo que pueda saberse se sabrá; por eso, más allá de eslóganes y campañas, la comunicación debe estar respaldada por lo cierto, seguro y sin doblez. Dándole la vuelta a la conocida frase, ya no tiene solo que parecerlo, sino serlo.

Sin duda, abordamos un reto difícil (como lo son los tiempos) que necesita conocimiento profesional, esfuerzo personal, enfoque ético en lo general y audacia en los planteamientos particulares. Nuestra profesión debe ayudar a construir una sociedad mejor, más fuerte y segura. Yo estoy seguro de que puede hacerlo.

Al fin y al cabo, y permítaseme cerrar con Dickens… “There is nothing so strong or safe (…) as the simple truth”.

autor:
José Antonio Llorente
Socio Fundador y Presidente de LLORENTE & CUENCA
Es especialista en Comunicación Corporativa y Financiera. A lo largo de sus más de 25 años de experiencia ha asesorado numerosas operaciones corporativas: fusiones, adquisiciones, desinversiones, joint ventures o salidas a bolsa. Es autor de El octavo sentido, ensayo sobre la relevancia de la comunicación en la sociedad del siglo XXI. Reside en Nueva York. Actualmente, es miembro de Arthur W. Page Society -la asociación líder a nivel global de profesionales senior del sector de la comunicación-, del Consejo Asesor de Human Age Institute -la mayor iniciativa de Talento puesta en marcha en España-, del Patronato de la Fundación Euroamérica y de la Junta Directiva de la Asociación Española de Accionistas Minoritarios de Empresas Cotizadas. También pertenece al Consejo Asesor de la Pyme de la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa y a la Junta Directiva de la Asociación Agencias de España. Durante diez años, José Antonio trabajó en la firma multinacional Burson-Marsteller, donde fue Consejero Delegado. Previamente trabajó durante cinco años en el Departamento de Comunicación de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) y fue periodista en la Agencia de Noticias EFE.
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