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07 septiembre 2017

Colombia: La lucha contra la pobreza, el mejor aliado para la paz

Los ciudadanos colombianos y la comunidad internacional siguieron muy de cerca el 24 de noviembre de 2016, el anuncio del presidente Juan Manuel Santos, confirmando la firma del acuerdo para poner fin al conflicto armado de más de cinco décadas con las FARC. Ese hito dio inicio al camino hacia el desarme, que finalmente fue certificado por la ONU el 26 de junio de 2017, y a partir del cual se empezó a escribir la historia del posconflicto.

Las FARC entregaron sus armas y el país se enfrenta a una nueva “guerra”: la lucha contra la pobreza y por la reconciliación que, aunque siempre ha estado presente, ante el silencio de los fusiles toma un protagonismo histórico y supone una responsabilidad que, sin duda alguna, marcará el éxito de Colombia como sociedad y verdadero estado de derecho.

Empieza entonces a verse en las portadas de los principales diarios el desplazamiento de la guerra por la lucha contra la corrupción en el sector público y privado, mientras en las regiones el miedo se convirtió en empoderamiento social y nuevo camino al progreso.

El capítulo de la reconciliación supone un esfuerzo sin precedentes. Se trata de construir la confianza con la población que, tras más de 50 años de conflicto y de rezagos en desarrollo, sobre todo en las zonas rurales, debe ser parte activa de la reconstrucción del tejido social, ahora sin la cortina de humo que producían antes las armas.

¿Y cómo la paz se convierte en un hecho para superar pobreza?

Hablar de paz no es solamente acabar con el conflicto armado. Hablar de paz sostenible requiere elevar los indicadores de calidad de vida de los habitantes, con mejoras en la generación de ingresos, así como en el acceso y calidad de la salud y la educación, construcción de vivienda e infraestructura social, generación de empleo, mejoramiento de la seguridad, impulso de garantías para la democracia y la participación, promoción de la reconciliación y el respeto por las normas de convivencia y solidaridad.

En general, hablar de paz es construir un país que brinde un acceso equitativo a la oferta social integral que el Estado ha diseñado para que todos sus ciudadanos superen la pobreza multidimensional; hecho que debe estar acompañado de la inversión privada para el crecimiento y desarrollo industrial y de servicios en el país.

 

Recuperar la confianza requiere tejer una base social desde lo rural

Empieza ahora el reto de recuperar el tejido social y de crear mecanismos que generen confianza en todos los sentidos; superar la pobreza, la corrupción, otras formas de violencia y el sentimiento de división entre colombianos.

Los lugares en donde el conflicto se consolidó, hoy son los territorios con mayores rezagos y con necesidades inminentes que ponen a prueba la eficacia de las acciones enfocadas en la inclusión social y la reconciliación.

Fuente: Prosperidad Social. 2017.

El Estado tendrá que aumentar su acceso y cobertura institucional en las zonas de posconflicto, en su mayoría rurales, que son 3 veces más pobres que los contextos urbanos.

En esa línea, las actividades del posconflicto deberán enfocarse en los municipios elegidos para tal fin, a través no solo de programas y oferta de bienestar y servicios, sino también de instrumentos para el desarrollo de capacidades de gestión pública territorial.

El posconflicto supone transformar efectivamente lo rural y mejorar las condiciones de vida de esa población, lo cual implica identificar factores dinamizadores del desarrollo territorial para abordarlos desde las políticas, los programas, planes y proyectos sociales del Estado; dentro de los cuales se debe resaltar:

Fortalecimiento de los mecanismos de seguridad alimentaria y nutricional, garantizando el 100 % de acceso, cobertura y calidad. Las muertes por desnutrición en Colombia deben llevarse a cero.
Desarrollo de la infraestructura social y comunitaria para impulsar el progreso de las comunidades rurales. El acceso a agua potable y energía eléctrica se deben priorizar.
Promoción de actividades y esquemas de generación de ingresos sostenibles, consolidando una mayor dinámica y participación de los mercados rurales.
Generación y formalización del empleo rural como medida de inclusión social, articulando desarrollo urbano-regional hacia la inclusión productiva.
Creación de mecanismos que garanticen la calidad y acceso a la educación en igualdad de condiciones.

Institucionalidad sí, pero trabajando de manera articulada

Hoy, los colombianos vuelven a creer con la esperanza de un nuevo y mejor futuro, y ponen a prueba la eficacia de las estrategias que el Gobierno nacional ha preparado. El desafío para el Gobierno radica en una adecuada coordinación interinstitucional que permita llegar al territorio con una oferta articulada que facilite ver resultados prontamente, sobre todo en los cinco ejes transversales de la superación de la pobreza multidimensional: salud, educación, trabajo, vivienda y servicios públicos y protección a la niñez y juventud.

Durante los dos periodos de Gobierno del presidente Santos, más de 5,1 millones de colombianos han superado la pobreza multidimensional. Sin embargo, todavía 8 millones deben lograrlo. Esto será una tarea de varios años y, de hecho, de varios gobiernos que no podrán bajar la guardia.

Empresarios, claves en la construcción de un nuevo país

La lucha para hacer del posconflicto una estrategia para el desarrollo, es una tarea ardua para los gobiernos que están por venir, y que debe ir de la mano de empresarios e inversionistas internacionales que se unan a la definición y puesta en marcha de la visión de un nuevo país.

Los empresarios tendrán que prepararse para entender las nuevas reglas que supone un nuevo escenario con múltiples actores jugando simultáneamente bajo condiciones no del todo conocidas y con un público que hace, en ocasiones, de árbitro y en otras juega como protagonista de la nueva historia.

La promoción del respeto y la solidaridad podría ser quizá el mayor desafío en un país polarizado no solo por la guerra, sino por la politización del proceso. Las elecciones nacionales se aproximan, y la transición hacia esta nueva etapa requerirá el apoyo decidido del sector empresarial. En Colombia, hoy, el camino hacia la paz pasa por la lucha contra la pobreza.

Nemesio Roys Garzón es director general de Prosperidad Social. Es ingeniero industrial de la Pontificia Universidad Javeriana con MBA de Oxford B. University; cuenta con estudios de posgrado en Administración de Negocios en Berkeley. Egresado del Programa de Presidentes de Empresa de Kellogg Business School de Northwestern University en Estados Unidos. Ejecutivo certificado en negociación estratégica de la Universidad de Yale y ejecutivo Senior en gerencia de recursos humanos de la Universidad de Michigan. Roys fue coordinador de la Estrategia Regional Anticorrupción, y asesor de Modernización, Eficiencia y Transferencia del Estado. Ha sido director de planeación y desarrollo de Cemex Colombia; vicepresidente de Recursos Humanos y responsabilidad social empresarial en Ladrillera Santafé; y director de Recursos Humanos en condimentos El Rey.
María Esteve es socia y directora general de LLORENTE & CUENCA Colombia. Cuenta con una gran experiencia en las áreas de Comunicación de Crisis y Asuntos Públicos, como resultado de su trayectoria en varias firmas de comunicación y empresas privadas. María se incorporó a LLORENTE & CUENCA en julio de 2013 tras haber ocupado la Dirección de Comunicación Corporativa de CorpBanca, donde permaneció dos años. Es comunicadora social de la Pontificia Universidad Javeriana.

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