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28 enero 2016

Territorios y Comunidades, las nuevas fronteras de la comunicación

Me cuenta mi hijo, de ocho años, que en su cole se rumorea sobre el capítulo VIII de la Saga de la Guerra de las Galaxias. Con todo el merchandising de las Navidades sobreviviendo en sus mochilas, se debate acerca del futuro de su nuevo anti-héroe Kylo​ Ren. Especulan con el filtrado de imágenes de los personajes en las redes en la forma de muñecos de Lego o de recreaciones de los imaginativos youtubers.

En el año de la “Transformación Digital”, conviene recordar que si lo que el fuego nos trajo, entre otras ventajas nada desdeñables, fue la posibilidad de alargar las tertulias, la tecnología no ha hecho sino incidir en la posibilidad de extenderlas a escala planetaria.

Pululan las herramientas que nos permiten establecer relaciones genuinas alrededor de intereses y creencias. Fortalecen la construcción de la que ha sido desde aquellos primeros tiempos nuestra principal unidad de convivencia, la de las comunidades, y la conversación acerca de lo que nos apasiona, los territorios.

En este contexto, el marco mental en el que operamos los comunicadores debe evolucionar. Son demasiados los cambios que acontecen a nuestro alrededor como para que los conceptos de audiencia o público, entre otros, sigan en nuestro imaginario. Eran propios de unos tiempos en los que los contenidos de los medios de masas se consumían de la única forma posible: pasivos, en una sola dirección y para ser diseccionados en pequeños grupos de amigos.

Deben ser sustituidos por otros que reflejen mejor la igualdad de planos en la que nos encontramos hoy ciudadanos y empresas. Así comprenderemos mejor que los ciudadanos hacemos lo mismo que los niños. Recreamos nuestros mitos allá donde nos reunimos pero también más allá, mucho más allá.

En el artículo que he co-escrito junto con Iván Pino y David G. Natal, compartimos contigo nuestra visión de los nuevos conceptos, o no tan nuevos, que tenemos presentes en nuestro ejercicio profesional y que funcionan mejor en coherencia con el tiempo en el que nos toca comunicar.

Cuando yo tenía ocho años, también hablábamos en el patio sobre si Yoda había muerto realmente. Pero nuestro debate se quedaba allí. Hoy son los dispositivos móviles y la nube los responsables de que mi hijo, y yo mismo, contactemos con otras personas para, extendiendo la conversación hacia el infinito porque nos gusta y porque nos moviliza, construir nuevas relaciones, con o sin las marcas.

Adolfo Corujo, socio y director general corporativo de Talento, Organización e Innovación en LLORENTE & CUENCA

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